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Admin Hoarding in Sunday, June 15th 2008 under
Futbol
Perú se esforzó, puso empeño y corazón, pero sólo alcanzó para empatarle a Colombia 1-1
En el corazón hay una extraña y contradictoria colisión de sensaciones. Ante el desengaño vivido en esa desgarradora minigira en el hemisferio norte, empujamos a la selección, la arrojamos al suelo, la pisoteamos a nuestro antojo, la escupimos despreciándola, renegamos de ser peruanos, vilipendeamos a esa camiseta de franja roja, la ultrajamos maliciosamente, prometimos no sufrir más por culpa de esos que parecían no tener compromiso alguno con nuestra ilusión.
Juramos no encender más velitas misioneras a esa tonta esperanza de un mundial. Nos hicimos esa promesa, pero cedimos. Cedimos. Una vez más. Como tantas veces. Como siempre. Volvimos en silencio al Monumental. Casi como se va a misa. Con más que ganar, que perder. Estúpidamente ilusionados. Y el dolor es más terrible. Si antes había la certidumbre que esta selección jugando mal no tenía horizonte, ahora sabemos que jugando hasta la última gota de sudor, igual no hay nada.
Ya no hay reproches. El aplauso al final, con esa mueca natural de desazón en el rostro, es la recompensa a ese esfuerzo que se exigió siempre a este grupo. No hay nada que reclamarle a esta selección, sin embargo ese consuelo se transforma en decepción. No se le puede pedir más ni a este equipo, ni a “Chemo” del Solar. Ya no debería existir desilusión, porque este equipo ya no ilusiona. Ante Colombia, quedó claro que el Mundial lo veremos otra vez por la tele.
En su necedad, “Chemo” insistió en su esquema con un volante ancla como Reiner Torres. E improvisó a Neyra en una posición en la que no brilla en la “U”. Hasta que Donny se acomodó a las circunstancia -tras errar hasta cinco pases y obstruir la salida- se perdieron minutos. Hidalgo y Mariño no se insertaban al juego. Guerrero distaba mucho de su apellido. Y Colombia marcó el botón de cámara lenta. En un accidente encuentra el primero: remata Vargas, da rebote Butrón y Rodallega la mete a los 7’.
Contrario a lo que ocurrió en Huelva y Chicago, el rival no intentó hacer daños por los lados (en parte por la presencia de Prado y Vargas), y fue más bien Perú que ensayó siempre por esa zona. Sobre todo por derecha. Por ahí llegaría el empate. El uno, dos, con Neyra y Solano. Centro y Mariño con 39 minutos en el reloj. Cuando el panorama era gris, el equipo recibió un electroshock de emoción. Y en el complemento buscó, pensando con el corazón, con la testosterona resbalando por los poros.
Ese muerto que Colombia esperaba pisar por encima de la tumba, resucitó de golpe. Asustó a Pinto y a sus hombres, pero no pasó de una turbación fugaz con un cabezazo de Guerrero a los 3’, un mano a mano de Mariño a los 32’ o una volea de Solano a los 36’ que salvó Bustos desde la raya. Perú no fue más que eso: un susto. Sin un plantel competitivo y con un técnico en formación. La realidad es esta. El desengaño es peor que la tristeza.
Autor: Kike La Hoz
Fuente: El Bocon